03 abril 2010

El cambio climático y los océanos

visto en elmundo.es

Las profundidades marinas ocultan misterios que pueden determinar el devenir del planeta. Sus aguas viajan por todo el planeta, y llevan con ellas todo el conocimiento que aporta una experiencia de 700 años. Cada molécula de H2O es capaz de recordar las circunstancias climáticas de tiempos remotos y, como un oráculo, predecir cuáles serán las condiciones atmosféricas en las que vivirán las generaciones venideras.

Si las ninfas griegas cuidaban de jardines hermosos y remotos, los científicos que, capitaneados por el Centro Superior de Investigaciones Científicas español, subirán a bordo del buque oceanográfico Hespérides el próximo 5 de abril en la costa brasileña, intentarán desentrañar el papel que el inmenso y desconocido jardín submarino tiene en el cambio climático. Es el trabajo de campo dentro de la campaña ‘Memoria Oceánica del Clima’, MOC2.
La travesía durará 42 días, y recorrerá el océano desde Fortaleza, al noreste de Brasil, hasta Mindelo, en Cabo Verde. Durante ese mes y medio los investigadores recogerán muestras de más de 300 puntos, y analizarán su temperatura y salinidad. También lanzarán 14 boyas instrumentadas al mar, que proporcionarán datos sobre las corrientes de los vientos y marinas, las olas y la temperatura y salinidad de las aguas intermedias, a unos 100 metros de profundidad, durante los próximos dos años.

El océano es un elemento en constante transformación. El agua no permanece, sino que recorre una y otra vez el globo, en corrientes cíclicas que transportan calor, nutrientes, carbono y agua dulce. La Cinta Transportadora Global o Bucle Latitudinal (Meridional Overturning Circulation, MOC, en sus siglas en inglés) es el medio de transporte de las propiedades que cada molécula de H2O acumula a lo largo de su eterna existencia.

El Atlántico ecuatorial, piedra angular de la memoria oceánica
En el Océano Atlántico, el agua es más salada en la superficie, y por lo tanto más densa en la superficie que en profundidad. En principio, eso debería provocar que se hundiera, y flotaran las aguas menos densas. Sin embargo, su temperatura más elevada facilita su permanencia en niveles superiores.

En el invierno de ambos hemisferios, sin embargo, esta agua se enfría y se hunde. José Luís Pelegrí, director de la campaña MOC2 del CSIC, describe este fenómeno como "el bombeo del corazón, cuyos ventrículos expulsan la sangre, que recorre el organismo para volver a la aurícula". En el océano, la aurícula es el Atlántico ecuatorial, al que vuelven las aguas que han viajado hasta los polos, en un ciclo que dura unos 600 ó 700 años.
Durante su travesía, el agua atraviesa diversas profundidades, mayores a más altas latitudes, y vuelve a la superficie a la altura del ecuador. "El agua que en el Atlántico ecuatorial se encuentra a 1.000 metros de profundidad ha estado sumergida a -4.000 ó -5.000 metros", explica Pelegrí. A su regreso, es el momento de recoger los datos que ha acumulado, que ‘recuerdan’ las condiciones climáticas a las que estaba sometido el planeta cuando el líquido inició su odisea. El propósito de MOC2 es analizar la información sobre el contenido de carbono de la atmósfera o la temperatura, entre otros datos, contenida en las moléculas que tornan a la zona comprendida entre Suramérica y África.
 
El océano decide el clima
"A pequeña escala, es la atmósfera la que controla el clima, pero si hablamos de decenas o centenares de años, es el océano quien decide los cambios", aclara el científico, y matiza: "Se necesita más calor para calentar un litro de agua que para un litro de aire".
Vivimos en una época interglaciar, en la que se forman más aguas profundas -40 millones de centímetros cúbicos cada segundo, "el equivalente a todas las represas de Cataluña", según Pelegrí- y el circuito es mucho más rápido. El agua más fría tiene mayor capacidad para absorber el calor, por lo que esta intensificación del ciclo supone el calentamiento del planeta.
El agua fría, además, es más rica en carbono. El CO2 es el principal responsable de la elevación de la temperatura atmosférica. "El hombre no es el único responsable del cambio climático, pero la emisión de gases de efecto invernadero rompe el ciclo natural del planeta", explica el director de MOC2, "es la acción antropogénica la que hay que frenar".

1 comentarios realizados :

JAIMILLIN55 dijo...

SI YO TUVIERA EL PODER (……Para conservar el planeta tierra)
Si yo tuviera el poder, tocaría la cordura de de los países industrializados y pararía la gran devastación del planeta que habitamos;
sus tecnologías contaminantes dañan nuestra tierra, dañan nuestro aire, dañan los animales, las plantas, dañan los humanos,
sus poderosas industrias, Centrales eléctricas, Vehículos; todo a base de fósiles combustionados, es el veneno que respiramos;
lo que la tierra proceso como combustibles en millones de años; los humanos lo hemos devuelto a la atmosfera como dióxido de carbono en menos de 100 años;
ellos son los generadores de gases invernadero, destructores de la capa de ozono, gestores de un aire contaminado;
ellos son la parte del detonante, del infernal del calentamiento global, que hoy nos está matando.


Si yo tuviera el poder, en los más poderosos contaminadores contaminados; crearía conciencia de razón;
a Estados Unidos, China, Unión Europea, Rusia, Japón gestores en doble moral, de balanzas llenas de oro y tecnologías de polución;
a Alemania, Canadá, Reino Unido, Corea del Sur, alimentadores del desenfreno incontenible del CO2;
a la OPEP y demás Países petroleros, a los países productores de carbón; vampiros de la tierra, apoderados infernales de la gran destrucción;
que tanta revolución industrial, es un flaco favor al planeta ya que con la contaminación lo saturo;
que el poder económico no comprara el alimento de los cultivos, que el medio ambiente diseco y enveneno;
que La ciencia y el conocimiento en la nada quedarían, si matamos la madre tierra, que es de la vida, nuestro bastión.


Si yo tuviera el poder, en América del sur, América central, el sudeste Asiático, África central;
Impediría, del ecosistema y sus montes, la destrucción;
ellos, son los pulmones naturales que el universo nos regalo y que el hombre arruina, cual codicioso e irresponsable depredador.
Frenaría la acción exterminadora, de las selvas y su biodiversidad, causante de la irreversible erosión;
frenaría la degradación de las masas forestales y sus especies, evitando el desequilibrio climático y su saturación;
frenaría la extinción de las zonas tropicales evitando el desborde del dióxido de carbono gestor del calentamiento global, nuestra devastación;
derrumbaría el pedestal de países como Méjico, Haití, el Salvador, Filipinas, Madagascar como reyes de la deforestación;
frenaría el afán de enriquecimiento de grandes empresarios y multinacionales que talan los bosques tropicales y su naturaleza; cual aberrantes actos de explotación;
frenaría el voraz apetito indiscriminado de los países industrializados, a los recursos naturales de los países pobres, para sostener su nivel de riqueza y polución;
frenaría la tala de la fauna verde para producir biocombustibles, papel, madera, cultivos de amapola, mariguana y coca; del planeta hoy su perdición;
detendría la minería a cielo abierto, los grandes pastizales, la creación de grandes embalses y el enrutamiento de ríos y lagos; dañinos de la madre tierra; gestores de una tragedia de gran proporción.


Si yo tuviera el Poder; del yugo de las basuras, sería el superhéroe liberador;
de basuras orgánicas, inorgánicas, basuras industriales, radioactivas, sanitarias; basuras espaciales; todas viles agentes de la gran contaminación;
de basuras productoras de metano, oxido nitroso, dióxido de carbono, monóxido de carbono; gestores de gases invernadero, aire irrespirable y de los ríos y mares tóxicos de podredumbre y fétido hedor;
de las energías radiactivas sin control ni reducción; acumuladas sus basuras en 50 países; hostiles destructoras de seres y mares, muerte con dolor de radiación;
de terribles pesadillas como Chernóbil y Kyshtym en Rusia; three Mile island, Idaho Falls y el reactor US Daus-besse en Estados Unidos, Isuruya en Japón; algunos ejemplos de un horror radioactivo, sin términos de expiración.


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JELPENSADOR
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