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28 julio 2017

La CHE prepara actuaciones de prevención de incendios forestales en montes de la provincia de Huesca

imagen de archivo
El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA) ejecutará a partir de septiembre, a través de la CHE, actuaciones de prevención de incendios forestales en la provincia de Huesca en montes gestionados por la Confederación Hidrográfica del Ebro. El plazo de ejecución es de un año y el presupuesto de 256.422 euros. El proyecto se integra en las acciones que ejecutará el Organismo de Cuenca con fondos de la Dirección General de Desarrollo Rural y Política Forestal del Ministerio en las provincias de Huesca, Lleida, La Rioja y Soria.

Los objetivos de estas actuaciones son la reducción de la carga combustible vegetal; la mejora de la composición de la masa forestal; la mejora y la recuperación de accesos; favorecer la ganadería extensiva y la restauración hidrológico-forestal.

Se trabajará en seis montes: “Sabinera y Lenavalle”, en las Peñas de Riglos en la Comarca de la Hoya de Huesca; “Lorés”, en Caldearenas en la Comarca de Alto Gállego; “Griébal”, en Aínsa, en la Comarca de Sobrarbe; “Caneto” en Secastilla, Comarca de Ribagorza y “Portaspana”, en Graus, en la Comarca de Ribagorza donde se realizará:
  • Mantenimiento y creación de fajas auxiliares, de cortafuegos, áreas estratégicas e infraestructuras ganaderas, así como la creación de un perímetro de seguridad: con ello se reduce el riesgo de incendio y mejora la transitabilidad de las vías forestales, se abren vías a los medios de extinción, se favorece la logística de la extinción, el aterrizaje de helicópteros y la instalación de puestos de mando
  • Acondicionamiento y adecuación de pistas forestales: esto favorece las labores de mantenimiento, vigilancia y extinción
  • Ejecución de cerramientos ganaderos; construcción de pasos canadienses para el ganado y limpieza de balsa: todo ello potenciará los usos y aprovechamientos tradicionales en el monte y la economía local, reduciendo el matorral y mejorando el pasto
  • Reforestación: se creará una nueva cubierta vegetal de protección contra la erosión, eliminando el impacto paisajístico y recuperando el hábitat
Otras acciones de prevención de incendios

El Organismo, junto con estos importantes proyectos, realiza continuamente actuaciones de mantenimiento, conservación y mejora del estado de los montes que gestiona. La Confederación gestiona directamente 30.000 hectáreas de monte, la mayoría bosques reforestados para la protección de laderas junto a embalses y barrancos.

El pasado mes de junio se concluyó una actuación de acondicionamiento de la red de pistas forestales en el entorno de los embalses de Santa Ana (Lleida) y Barasona (Huesca), en concreto los accesos a los montes de Tragó de Noguera, en el término municipal de Os de Balaguer (Lleida) y de Barasona, en Graus (Huesca).

Estos trabajos están dirigidos a mejorar los accesos a montes gestionados por el Organismo puesto que constituyen una herramienta imprescindible en la prevención y lucha de los incendios forestales.

Además, está ejecutando trabajos con medios propios en montes de la Ribagorza para la limpieza de pistas forestales afectadas por el temporal del pasado mes de abril.

Fuente de la información: Confederación Hidrográfica del Ebro


27 marzo 2015

Publicada ley 6/2015 Agraria de Extremadura, que regula temas de ámbito forestal

El pasado día 26 de marzo de 2015 fue publicada la Ley 6/2015, de 24 de marzo, Agraria de Extremadura. Entre otros regula temas en materia de montes y aprovechamientos forestales, concretamente:

El Título VII sobre "Montes y aprovechamientos forestales" (artículos 228-288)
  • Capítulo III. Clasificación de los montes
  • Capítulo IV. Régimen jurídico de los montes públicos.
  • Capítulo V. Régimen jurídico de los montes privados.
  • Capítulo VI. Planificación forestal.
  • Capítulo VII. Régimen jurídico de los aprovechamientos forestales
  • Capítulo VIII. Régimen de usos de los montes.
  • Capítulo IX. Conservación y mejora de los montes
  • Capítulo XI. Incendios forestales y restauración de los terrenos.
  • Capítulo XIII. Sanidad forestal y material genético forestal.
  • Capítulo XIV. La estadística forestal y los registros de empresas forestales.
  • Capítulo XV. Incentivos forestales.
  • Capítulo XVI. Rescisión o conversión de consorcios, convenios o COREFEX.


 
Descarga aquí la ley en formato pdf

14 julio 2014

La preocupante pérdida de suelo en la cuenca del Guadalquivir

Autor: Allie_Caulfield


La gran extensión de olivar que existe en la cuenca del Guadalquivir hace que la pérdida de suelo sea especialmente preocupante en estas áreas.

Las particulares prácticas agrícolas de este cultivo hace que el suelo pierda toda cobertura protectora.

Transcribimos a continuación la noticia de la Agencia europa press:


SEVILLA, 13 Jul. (EUROPA PRESS) -

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) ha comenzado a dar "pasos" al objeto de tratar de corregir las consecuencias, en forma de "inadmisibles" pérdidas de suelo, de la problemática de erosión que sufre, de manera generalizada, el sureste de España y, de forma concreta, algunos entornos de Andalucía Oriental, fundamentalmente aquellos relacionados con el olivar.

En una entrevista concedida a Europa Press, el presidente de la CHG, Manuel Romero, ha alertado de los "importantes" niveles de pérdida de suelo en una parte de Andalucía que alberga, precisamente, el nacimiento de la cuenca de este cauce fluvial --se sigue así la máxima geológica según la cual la cabecera alta erosiona, sedimentando en la media--, algo que se ve agravado por las "muchas" hectáreas de olivar, algunas de ellas en terrenos con considerable pendiente y una orografía peculiar.

"Hay que trabajar para corregir este fenómeno", ha señalado Romero, que ha recordado la recuperación del servicio de restauración hidrológico forestal --al que se le ha dado categoría de área-- llevado a cabo por el organismo de cuenca.

Asimismo, también se trabaja en la corrección hidrológico-forestal, tanto en la mejora de las masas arbóreas como en aquellas zonas donde se puede acometer este tipo de restauración, con obras de barrancos, diques y cubierta vegetal que sujete el suelo.

El problema, que se deja ver especialmente en aquellas provincias que cuentan con más hectáreas de olivos --Jaén, Córdoba y Granada--, no es baladí, en tanto que, ha explicado el presidente de la CHG, el río, al llevar barro y limo, "anega canales y atasca filtros y embalses, que pierden capacidad: llegan más sólidos al estuario, por lo que también se trata de un problema de calidad de las aguas, y se pierde fertilidad en el suelo".

Romero ha admitido que "en los últimos años el tema nos preocupa bastante", habida cuenta de que, dada la presencia de 13.000 kilómetros cuadrados de olivar en la cuenca, con 500.000 hectáreas de riego, hay algunos sitios donde hay más de 80 toneladas por hectárea y año de pérdida de suelo.

Fuente: europa press

25 enero 2014

Nuestro más sincero reconocimiento a la serie documental «El Bosque Protector»



Queremos hacer un sincero y sencillo reconocimiento a la serie documental, producida por Radio Televisión Española y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), llamada «El Bosque Protector» que emite TVE,  y que se puede ver a través de los siguientes enlaces:


Además la UPM dispone de un canal en Youtube donde se pueden ver los capítulos ya emitidos.

A lo largo de la serie documental nos muestra la importancia de los bosques en nuestra vida y que de alguna manera, los forestales, entre los que me encuentro, han ayudado a que mantengamos esta riqueza.


A continuación transcribimos la presentación que hacen en su página web definiendo muy bien sus contenidos y objetivos:

Su andadura comenzó en 2002, con el objeto de mostrar la importancia de los bosques españoles en la historia natural, social y económica de nuestro país. Desde entonces hasta hoy se han emitido 23 capítulos(1) y otros 15 se encuentran en realización . Sus contenidos reflejan la incidencia negativa del hombre desde los tiempos más remotos hasta nuestros días. El bosque, el protagonista de la serie, nos guía por los rincones más bellos de España, y se revela siguiendo sus propias leyes naturales para recordarnos que no debemos vulnerarlas.

La fragmentación del área natural ocupada por el bosque llegó la pérdida de biodiversidad, las poblaciones de fauna se vieron separadas y con ello uno de los principales factores quemas dificultan su conservación. Probablemente en todas las épocas hubo voces que alertaron de la excesiva explotación de los bosques ibéricos, sin embargo, otros intereses primaron sobre el meramente conservacionista, siendo pocas veces compatibles mantenimiento y aprovechamiento.

La situación geográfica de la Península confiere un carácter límite a la mayor parte de nuestros montes. A este hecho se le suma el que nuestro territorio ha estado sometido al paso de distintas civilizaciones que han utilizado el bosque como una fuente de alimentos y materiales sin ningún criterio de sostenibilidad. A medida que aumentó la población, se roturaron grandes superficies en beneficio del cultivo extensivo de secano y aumento la cabaña ganadera hasta hacer inviable la regeneración del bosque. A todo esto, y durante el primer milenio d.C. se favoreció la táctica de la tierra quemada. Además, las minas, la metalurgia y la construcción naval, que de manera ininterrumpida demandaron madera, terminaron por esquilmar los maltrechos bosques españoles.

A mediados del siglo XIX una falsa política de desamortización, produjo uno de los mayores desastres ecológicos de lo que quedaba. Fruto de ello, el Cuerpo de Ingenieros de Montes comenzó una campaña de sensibilización que dio lugar al primer Catálogo de Montes de Utilidad Pública y con ello al primer movimiento de conservacionista de los bosques españoles.

El monte español está muy modificado, fragmentado y deteriorado, y hoy ocupa una pequeña parte de lo que fue. La influencia antrópica en la Península ha cambiado de forma tan drástica el paisaje natural, que podemos afirmar, que ni un solo rincón de nuestros bosques se ha librado de la presencia del hombre en mayor o menor grado.

La influencia de los bosques en el medio ambiente y el clima son factores que exigen una toma de conciencia pública que estimule acciones decididas, tanto del sector público como del sector privado tendentes a la reforestación con especies adecuadas a cada entorno y a la racional conservación de lo existente, con la vista puesta en el largo plazo que exigen los procesos de restauración de la cubierta vegetal.

La regeneración de los suelos a través de estas políticas del sector público y de los propietarios privados contribuirá a frenar el proceso de desertificación, que por otro lado avanza en nuestra península con carácter alarmante.

Por todo esto, y apoyándonos en una base documental fotográfica y audiovisual muy amplia, a través de los capítulos se cuenta la historia de los bosques españoles, así como las particulares vicisitudes de su flora y fauna.



(1)(nota: ya van por más de 30)


07 septiembre 2013

El crecimiento del pino albar en Pinar Grande (Soria) ha descendido en los últimos 35 años





CGP/DICYT La revista científica Global and Planetary Change ha publicado recientemente un trabajo que pone de manifiesto el descenso del crecimiento en los pinares albares (Pinus sylvestris L.) de Pinar Grande (Soria) en los últimos 35 años. El trabajo, fruto de la colaboración entre el Instituto Federal de Investigación Forestal de Suiza (WSL) y la Fundación Cesefor con el apoyo de la Junta de Castilla y León, ha sido coordinado por los investigadores Ulf Buntgen (WSL), Simon Egli (WSL) y Fernando Martínez-Peña (Cesefor).

Además el estudio ha contado con la colaboración de otros instituciones con experiencia en cambio climático como el Centre for Climate Change Research de la Universidad de Berna, el Global Change Research Centre de la República Checa, el Institute for Atmospheric and Climate Science del ETH Zurich, el CSIC (España), el National Drought Mitigation Centre, de la Universidad de Nebraska y la Universidad de Barcelona.

El estudio se ha basado en el empleo de técnicas dendrocronológicas que analizan los anillos de crecimiento de los pinos. En total en el WSL de Suiza se analizaron muestras procedentes de 871 pinos albares ubicados en la red de 18 parcelas de investigación Micosylva ubicadas en Pinar Grande (Soria) correspondientes a masas de Pinus sylvestris de seis clases de edad. Esta muestra se considera suficientemente representativa tanto un número como en clases de edad para determinar la respuesta del crecimiento al clima de esta masa forestal.

Los resultados revelan que en la década de los 70, que fue un periodo húmedo y frío, se produjo un aumento en el crecimiento del arbolado, mientras que a partir de los 80 tiene lugar un descenso generalizado en el crecimiento de esta masa, coincidente con un periodo de sequía, más acusado en los últimos años (especialmente en 2005 y 2009).

Los modelos de simulación climática para el sur de Europa y la cuenca mediterránea advierten de una menor cobertura de nubes y precipitación junto con una elevación de las temperaturas y de la evapotranspiración que harán que se agraven las condiciones de sequía a lo largo del siglo XXI. Como consecuencia de ello es previsible un descenso en el crecimiento del arbolado, cambios en la vegetación dominante por otras más competitivas típicas del ambiente mediterráneo mejor adaptadas a la sequía, incremento de los ratios de mortalidad o una disminución en la capacidad para acumular carbón en la madera.

No obstante, la complejidad de factores implicados en este descenso del crecimiento de los pinares (atmosféricos, humedad del suelo, estructura de la vegetación, etc), ponen de manifiesto que pueden existir otros factores más allá de los factores climáticos que expliquen la pérdidas de crecimiento en los pinares albares de Pinar Grande como factores selvícolas.

El impacto del cambio climático

A pesar de ello, parece claro que el cambio climático tendrá un impacto social, ecológico y económico, afectando a diversos temas de forma compleja como a fuegos, agricultura, la gestión del agua, los recursos micológicos, actividades recreativas, protección medioambiental y conservación biológica, según la información de Cesefor remitida a DiCYT. Por ello es necesario una colaboración interdisciplinar e inversiones institucionales para llevar a cabo herramientas de adaptación y mitigación contra los efectos del cambio climático.

Una de esas herramientas se basa en el control de la competencia por medio de tratamientos selvícolas en las masas forestales. La cuantificación de los efectos en el crecimiento generados por el tipo e intensidad del tratamiento silvícola y su interacción con el clima es a día de hoy objeto de análisis y de futuros estudios.

Martínez-Peña acaba de regresar de Suiza, donde ha estado analizando con el equipo de investigadores del WSL los resultados de 18 años de inventarios micológicos realizados por la Junta de Castilla y León, con el fin de investigar los efectos del cambio climático en la producción y diversidad de setas, su relación con la pérdida de crecimiento de los árboles, y para proponer criterios micoselvícolas a los gestores forestales que mitiguen dicho efectos del cambio climático.

Fuente: dicyt.com

14 junio 2013

Un 37% de España ya está afectada por la desertificación


Mil millones de seres humanos en riesgo es una cifra que llama la atención. Y es también una realidad. La desertificación afecta ya a 250 millones de personas según la FAO, pero más de 100 países están en una situación de riesgo. El lunes 17 de junio se celebra en todo el mundo el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación.

“Hoy en día contamos con conocimientos y tecnología que nos permiten llevar a cabo una gestión sostenible del monte”, afirma Carlos del Álamo, Decano del Colegio de Ingenieros de Montes. “Debemos creer en la necesidad de recuperar la cubierta vegetal, y no permitir el deterioro de la existente, y esa gestión es una herramienta clave para evitar la desertificación”, recalca.

El Colegio de Ingenieros de Montes recuerda que la desertificación es un proceso de degradación del suelo, normalmente en zonas áridas, consecuencia de la acción de factores naturales, pero también con frecuencia de la acción humana. Se interpreta como una disminución irreversible, al menos a escala temporal humana, de los niveles de productividad de los ecosistemas terrestres, como resultado de la sobreexplotación, uso y gestión inapropiados de los recursos en medios afectados por la aridez y la sequía.

Un 37% del territorio español está afectado por procesos de desertificación, “y hay que tener claro que en ese proceso no se pierde sólo vegetación: la desertificación es sinónimo de pobreza, porque se produce un empobrecimiento de la naturaleza y se produce un empobrecimiento económico de la región como consecuencia de la erosión, del deterioro de las propiedades físicas, químicas y biológicas de los suelos y los ecosistemas y la pérdida de la vegetación natural–mantiene Del Álamo-.

Las cifras que cuantifican este problema mundial son alarmantes: casi el 40% de la superficie de los continentes puede considerarse como áreas desérticas, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El lado positivo de esta historia es que contamos con los instrumentos necesarios para combatir el avance de la desertificación: “Los bosques bien gestionados son sin duda una de las mejores herramientas con las que cuenta el hombre para luchar contra la desertificación”, afirma el Decano del Colegio de Ingenieros de Montes. “El origen de este problema está en factores físicos, climáticos, políticos, sociales, culturales, económicos… Es una interacción de circunstancias muy compleja, pero precisamente por ello podemos luchar contra la desertificación desde ámbitos también muy diversos, armonizando las actuaciones de los factores que intervienen en este proceso”.

El primer paso, defiende el Colegio de Ingenieros de Montes, es hacer que nuestra sociedad sepa que este problema ya nos afecta, para poder luchar contra los factores que agravan sus consecuencias.

Lograr un aprovechamiento sostenible y rentable del suelo, del agua y de los recursos naturales del territorio afectado es una buena medida de recuperación de la cubierta vegetal, “pero para que el suelo sea rentable en esas regiones, hay que considerar las necesidades de las poblaciones locales, y proporcionar a los habitantes alternativas sostenibles al mal uso de la tierra”.

En el territorio español de clima mediterráneo el proceso de desertificación se produce como consecuencia de la existencia de varios factores y actividades: condiciones climáticas semiáridas que afectan a grandes zonas, sequías estacionales, extrema variabilidad de las lluvias y lluvias súbitas de gran intensidad. “En estas condiciones los suelos suelen ser pobres con marcada tendencia a la erosión. Si se le añade un relieve abrupto, con laderas escarpadas en ausencia de cubierta forestal a causa de una agricultura marginal, incendios forestales, sobrepastoreo y recogida histórica de matorral para leña, el resultado es un proceso irreversible, al menos en un período de cientos de años, de pérdida de suelo fértil”, afirma el Decano. La sobreexplotación de acuíferos y el mal uso del agua disponible agravan el fenómeno y da origen a los extensos territorios en los que se desarrolla la desertificación en España.

El avance de los desiertos, dificultando cada vez más las condiciones de vida en las zonas áridas, conduce a las poblaciones a la emigración. Los agricultores no obtienen cosechas y no alcanzan a cubrir sus necesidades, buscando un medio de vida en otras latitudes. El Colegio de Ingenieros de Montes insiste en que la lucha contra la desertificación supone llevar a cabo actividades que ayuden a frenar el proceso e incluso a recuperar las tierras mediante la prevención o la reducción de su degradación, la rehabilitación de tierras parcialmente degradadas, y la recuperación de tierras desertificadas.

El calentamiento global en estas áreas del planeta va a incrementar el riesgo de empobrecimiento de las poblaciones y su éxodo hacia territorios más atractivos, por lo que el uso de las herramientas de las que disponemos para luchar contra este mal global y las políticas de actuación a nivel mundial deber ponerse en marcha cuanto antes.

Fuente: Colegio de Ingenieros de Montes

21 marzo 2013

Paisajes en cambio. El Mediterráneo

En el Día Internacional de los Bosques: «Los bosques para la gente»

 
Artículo de opinión de Ángel Roldán Martínez, decano del Colegio de Ingenieros de Montes en Castilla-La  Mancha, en conmemoración del Día Internacional de los Bosques que se celebra hoy:



Los bosques para la gente

Con estas palabras la ONU bautizaba el año internacional de los bosques en 2011. Hoy celebramos el primer Día Internacional de los Bosques queriendo acercar nuestros montes a la sociedad, tarea obligada para los profesionales forestales.

Hablar de nuestros montes quizá no sea la mejor manera de expresar que, a diferencia que lo que se suele decir o creer, los montes tienen un propietario, ya sea público o privado. Los montes de propiedad pública representan para la sociedad una forma de mejorar su calidad de vida, permitiendo a sus vecinos el aprovechamiento de sus productos, generando riqueza a aquellos que tienen negocios que de una u otra manera reciben bienes y servicios de éstos o simplemente permitiéndonos a todos el libre acceso al disfrute de la naturaleza de una manera responsable.

Mucho antes que el medioambiente se pusiera “de moda” en España, surgió a finales del siglo XIX, la primera figura de protección ambiental en nuestro país, el monte de utilidad pública. Un tipo de figura jurídica muy especial, que englobaba en un principio a aquellos montes que se salvaron de las desamortizaciones y sobre los que se pudo demostrar que tenían unos valores tan excepcionales que merecían su protección. A tal figura, después de 150 años, le tenemos que agradecer el poder seguir disfrutando libremente de nuestros montes, en una sociedad en la que hoy día hay que pagar por casi todo. Estos montes han ido aumentando en número con el paso de los años, formando actualmente el Catálogo de Montes de Utilidad Pública, un auténtico tesoro forestal. Este gran patrimonio nos asegura la recarga de los acuíferos, la defensa de nuestros cultivos y viviendas, evita la colmatación de embalses o nos defiende de inundaciones, entre otros, teniendo unos valores económicos incalculables.

Los Montes de Utilidad Pública constituyen los pocos lugares de libre acceso que nos quedan y que nos permiten acercarnos a la naturaleza en estado puro. Hoy en día, en estos difíciles momentos económicos y sociales, las administraciones públicas presumen de su patrimonio forestal público, porque quizás sean la única fuente de empleo de un medio rural con grandes deficiencias y falta de oportunidades: el aprovechamiento de leñas, biomasa forestal, caza, pesca, madera, setas, corcho, resina o simplemente poder pasear por ellos libremente, es algo que fija a la población rural y la hace sostenible, algo que tiene un precio difícil de calcular.

Las ventas producidas en la desamortización fueron tan desastrosas para la sociedad que las administraciones forestales han centrado grandes esfuerzos en incorporar montes a su Catálogo, comprando propiedades o liquidando los consorcios de repoblación que aún existen. Por ejemplo, en Castilla- La Mancha desde el año 1901 hasta el año 2007, se han incorporado 229.000 hectáreas de Montes de Utilidad Pública. Una trayectoria que se ha mantenido según los principios de la Estrategia Forestal de la Unión Europea y de la Estrategia Forestal Española. Aún con especial dedicación y grandes esfuerzos, sólo un 5% de la superficie forestal en esta Comunidad tiene como titular a la Administración Regional. Este es un hecho que debe motivar a la Administración Autonómica a aumentar su porcentaje, para poder mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, al igual que otras Comunidades Autónomas o la mayoría de los países europeos realizan.

Actualmente las leyes de protección ambientales, principalmente las leyes autonómicas y nacional de Montes, tienen grandes restricciones que impiden poder arrasar con las masas forestales, tal y como ocurrió en el siglo XIX. Pero esta no es la cuestión que estos días se debate en muchos foros, incluso en las Cortes Regionales de Castilla-La Mancha, ante la posible venta de montes públicos, ya que sabemos que los propietarios cumplirán la ley, porque ésta es igual para todos. Tampoco el debate está en si la gestión privada es la mejor que la pública, todo el respeto a los propietarios que cuidarán sus terrenos lo mejor que puedan o que sepan. Que los montes estén abandonados o infrautilizados, es una cuestión de usos, rentabilidades o preferencias y porque no todos los montes deben ser rentables en términos exclusivamente financieros y de ahí también deriva el concepto de utilidad pública.

El verdadero debate se centra en lo que supondría la pérdida de un bien público que pasa a manos privadas para siempre, en la venta de un patrimonio natural que todos disfrutamos y que en algunos casos es la única fuente de empleo que algunos ayuntamientos pueden ofrecer a sus vecinos. Gracias a estos montes muchos consistorios reciben fondos europeos para emplear a sus vecinos en la realización de tratamientos selvícolas, para mejorar la comercialización de los productos del monte o en ofrecer a sus paseantes un bien natural que indirectamente le repercute ingresos en sus los negocios de su localidad: casas rurales, restaurantes o empresas de aventura, entre otros.

En términos estrictamente financieros tal vez estos Montes de Utilidad Pública no son rentables, ni deben de serlo en muchos casos, porque nos ofrecen servicios que no se incluyen en la contabilidad tradicional pero que son muy valiosos socialmente.

La administración forestal, como responsable en la gestión de estos montes, tiene la obligación de buscar fórmulas que aseguren rentas a través de la venta de sus productos o bien mediante ingresos por los servicios ambientales que estos producen. La gestión forestal pública se ha demostrado como la más adecuada para la conservación de los hábitats, los ecosistemas y la biodiversidad que los bosques ibéricos tienen el privilegio de disfrutar.

A nadie se le ocurriría vender un patrimonio cultural de gran valor como las obras de arte de Museo del Prado o edificios históricos singulares por muy infrautilizados que estuvieran.

Este Día Forestal Mundial debe de llevarnos a lo local, a la vida de cada vecino, a la vida de cada uno de nuestros antepasados que se ganó la vida con el monte, a exigir a los propietarios de los montes públicos inversión, gestión y compromiso con nuestros bosques del siglo XXI, que como bien público, todos disfrutamos. Gestionar los montes mediante su aprovechamiento sostenible, es básico para tener cada día montes mejor preparados ante los incendios, las plagas y el cambio climático. Renovar nuestros bosques envejecidos ante la falta de tratamientos selvícolas, obtener productos de mejor calidad y competitivos en los mercados con rentas anuales continuas que aseguren trabajo a las empresas del sector forestal en la región y a sus trabajadores, es la clave para la conservación de nuestros montes y nuestros pueblos.

Ángel Roldán Martínez
Decano del Colegio de Ingenieros de Montes en Castilla-La Mancha




Enlaces relacionados:

    10 febrero 2013

    El Catálogo de Montes de Utilidad Pública de Castilla-La Mancha

    A continuación se expone un extracto del artículo de:

    José María Marco Rivera, Ingeniero Técnico Forestal, Jefe de Sección Técnica Servicio Forestal, Dirección General de Política Forestal, Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, aparecido en la revista Foresta el 28 enero, 2011.



    El reparto de las tierras en España desde la Reconquista ha configurado el modelo de sociedad rural, además de determinar los diversos usos que se han dado al suelo.
    Tradicionalmente, los montes eran propiedad de la nobleza, de la Iglesia y de la Corona, quienes, por motivos económicos, recurrieron con frecuencia a su venta, especialmente a los pueblos o comunidades rurales.
    A partir de 1798 comienzan los procesos de desamortización, basados principalmente en la expropiación de bienes eclesiásticos y en su venta, sobre todo a la burguesía, obteniendo así el Estado unos ingresos extraordinarios. La primera desamortización se centró en los bienes de la Compañía de Jesús, pero en 1836, la acometida por Mendizábal afecta a buena parte de los terrenos eclesiásticos, sobre todo a aquellos en desuso. Los bienes dejan de ser propiedad de las llamadas manos muertas (la Iglesia y las órdenes religiosas) y pasan a manos particulares.

    Los nuevos propietarios, ante la necesidad de satisfacer las rentas acordadas en las transacciones, con frecuencia se ven abocados a realizar talas abusivas, que repercuten negativamente sobre el medio rural y provocan su degradación.

    En el año 1855 se aprueba la Ley de Desamortización o Ley Madoz (1 de mayo de 1855), que declara en venta todos los predios rústicos y urbanos, censos y foros pertenecientes al Estado, al clero, a las órdenes militares y a las cofradías, y cualesquiera otros pertenecientes a manos muertas.

    Esta Ley ocasiona una pugna entre las carteras de Hacienda y de Fomento. La primera trata de ejecutar rápidamente su mandato, mientras que la segunda alza su voz para evitar el desastre que considera que vendría aparejado a la puesta en marcha de la nueva normativa. Esta pugna entre los dos departamentos será el embrión de la creación del futuro Catálogo de Montes.

    Por ello, al hablar del Catálogo de Montes de Utilidad Pública en España y, por ende, en Castilla-La Mancha, lo primero que se debe considerar es el origen de tal institución como pilar de la defensa de la propiedad pública. Para ello nada mejor que acudir a los diversos estudios realizados sobre el nacimiento y desarrollo de tan vigorosa, a la vez que poderosa, institución, así como estudiar a lo largo del tiempo el régimen de propiedad de las tierras.

    Diversos investigadores y estudiosos han buceado en las numerosas disposiciones y archivos que dan origen a esta herramienta de defensa (destacan entre ellos D. José Manuel Mangas Navas y D. Luis Calvo Sánchez). No se debe olvidar a aquellos primeros ingenieros de montes que constituyeron la Junta Facultativa, que dio como resultado el famoso informe de los 207 medios folios (publicado por el ICONA en 1987, omo “Comentarios y actualidad del informe de la Junta Consultiva de Montes”, bajo la dirección de D. José María de Abreu y Pidal (conviene indicar para evitar confusiones que varios de los vocales de la Junta Facultativa lo eran también de la Junta Consultiva de la Escuela Especial de Ingenieros de Montes), en el que se describe todo el territorio nacional, dando paso a la primera Clasificación General de los Montes Públicos, aprobada por la Real Orden de 30 de septiembre de 1859.

    [...]

    La primera Clasificación General de los Montes Públicos, que fue elaborada, aprobada y publicada en 1859, tiene como origen, como anteriormente se ha citado, el Informe de la Junta Facultativa de Ingenieros de Montes. Cada provincia se asignó a un ingeniero de montes, el cual se vio obligado a efectuar un laborioso trabajo en un corto periodo de tiempo, que dio como resultado un primer inventario de todo el patrimonio forestal de titularidad pública existente.

    Dicho trabajo, igualmente publicado por el antiguo ICONA, sigue asombrando hoy en día por la magistral descripción que efectúa de aquellos montes, que incluso con un escaso volumen maderable era necesario conservar por sus benéficas influencias, conforme al lenguaje de la época, en la “física del globo”.

    La Clasificación General de los Montes Públicos efectúa una división tripartita, entre la que se distribuyen las diferentes especies botánicas del modo siguiente:
    1.º Montes que no pueden pasar al dominio de los particulares sin exponerse a causar graves daños en la agricultura y en la salubridad del país (pinares, robledales, hayedos, etc.).
    2.º Montes que no se puedan enajenar sin previo reconocimiento científico en cada caso particular (encinares, alcornocales y otros).
    3.º Montes cuya venta se puede declarar oportuna sin necesidad de reconocimiento previo (alamedas, olmedas, fresnedas, etc., así como montes degradados).

    Este Informe originó, como se citó anteriormente, una serie de actuaciones y contra-actuaciones entre las carteras de Hacienda y de Fomento, lo que, tras difíciles y comprometidas gestiones, dio paso a la primera Clasificación General de Montes Públicos, en virtud del Real Decreto de 16 de febrero de 1859 y de la Real Orden de 17 de febrero de 1859, con lo que se establecieron las bases legales para salvar de la desamortización a los montes que pertenecían a la primera clase tradicional de la división tripartita (Real Decreto 26-X-1855), los de aprovechamiento común (Ley 1-V-1855), las dehesas destinadas al ganado de labor (Ley 11-VII-1856) y los terrenos desnudos de árboles cuya reserva hubiera sido pedida (Real Decreto 16-XI-1859). Los montes se agruparon por razón de su pertenencia: Estado, municipios o establecimientos públicos. Este conjunto dio lugar al grupo de montes exceptuados de la desamortización, dentro de la Clasificación General de los Montes Públicos. (Real Decreto de 1 de febrero de 1901 por el que se constituyen el Catálogo de Montes de los exceptuados de la desamortización por causa de utilidad pública)

    Esta división predial entre montes exceptuados y montes enajenables de la Clasificación General de Montes Públicos, aprobada por la Real Orden de 30 de septiembre, estuvo vigente hasta 1921, cuando, por medio del Real Decreto de 4 de junio, las eternas disputas entre los Ministerios de Hacienda y Fomento se resuelven al manifestarse el Gobierno a favor del espíritu conservador del Ministerio de Fomento, lo que se traduce en la entrega a éste de los Montes del Estado, hasta entonces a cargo de Hacienda, incluidos el personal y los medios asignados a ellos.

    De igual forma se derogan las normas que permitían la desamortización de los bienes de las entidades locales y se adapta el régimen de sus montes al Estatuto Municipal, aprobado por Decreto Ley en 1925, que eliminaba la tutela del Ministerio de Hacienda, pero permitía la libre disposición de las “dehesas boyales y los “montes de aprovechamiento común” por parte de los Ayuntamientos, lo que dio origen a otro gran deterioro de la propiedad pública.

    [...]

    LAS COMPETENCIAS DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS.
    Tras la aprobación de la Constitución, que da paso al Estado de las Autonomías, se inicia el traspaso de competencias a las Comunidades Autónomas, que en el caso de Castilla-La Mancha tuvo lugar en 1984, mediante el Decreto 1676/1984, de 8 de febrero (BOE n.º 225, de 19 de septiembre de 1984). Se trasfiere a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha la gestión directa de los Montes y, por ende, del Catálogo de Montes de Utilidad Pública, quedando como competencia de la Administración General del Estado su coordinación hasta hoy en día. Hubo una nueva transferencia de montes y medios por medio del Decreto 1662/1998, de 24 de julio.

    En el año 2003 se promulga una nueva Ley de Montes (Ley 43/2003, de 21 de noviembre), en la cual se reafirma y refuerza la figura del Catálogo de Montes de Utilidad Pública, que queda definido en su artículo 16. Dicha Ley fue modificada por la Ley 10/2006, de 28 de abril, que continúa con esta figura y mandato, anteniendo la competencia de la Administración General del Estado para su coordinación.

    Como desarrollo autonómico de esta Ley básica se aprobó la Ley 3/2008, de 12 de junio, de Montes y Gestión Forestal Sostenible de Castilla-La Mancha, donde se establece la llevanza del Catálogo de Montes de Utilidad Pública, que queda definido en su artículo 9 como un registro público de carácter administrativo en el que se inscriben todos los montes declarados de utilidad pública de la región.

    [...]
    La conservación y mantenimiento del Catálogo lleva implícita su ampliación, rectificación y conservación. Sigue vigente, como anteriormente se ha citado, la Orden de 31 de mayo de 1966, en la que describe el Registro Público como un libro foliado, cuyas hojas son diligenciadas por la autoridad máxima forestal, bajo cuya tutela se encuentra ese registro público.

    A continuación se recogen, de forma cronológica, los Catálogos existentes en Castilla-La Mancha y las superficies y número de fincas que componen la serie del precatálogo (Clasificación), y los Catálogos de 1901, 1931, 1942, 1968 y el actual de 2007. En los cuadros resumen se expresan las modificaciones que ha tenido en Castilla-La Mancha la superficie forestal pública catalogada, bien por los diversos trabajos repobladores en montes adquiridos al efecto, bien por repoblaciones en los montes de utilidad pública de los ayuntamientos o por los procesos expropiatorios con fines protectores de cuencas hidrológicas.

    La situación final en las cinco provincias de Castilla-La Mancha, tal y como figuró en el inventario de 1859, se refleja en las tablas 1 y 2.



    En 1862, por Real Decreto, se establece el Catálogo de Montes Públicos exceptuados de la desamortización. Para la actual comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, las superficies y número de montes incluidos en este Catálogo se reflejan en la tabla 3.


    Se detecta en este cuadro un descenso de 440.770 ha en la superficie forestal pública exceptuada de la venta en Castilla-La Mancha con respecto a los montes públicos exceptuados de la desamortización en 1859.

    El nuevo inventario efectuado en 1901 arroja los resultados reflejados en la tabla 4.


    Se observa que la superficie exceptuada de la venta sigue en regresión, ante las presiones que indudablemente debió de ejercer la Administración de Hacienda, descendiendo la superficie catalogada en 120.656 ha respecto al inventario anterior de 1862.

    En la tabla 5 se puede observar la realidad para Castilla-La Mancha en 1931, donde se aprecia que durante este periodo, de 1901 a 1931, la tendencia desamortizadora tiene su punto de inflexión, pues la superficie catalogada aumenta ligeramente, en 13.780 ha.


    El incremento hasta 1942 fue discreto, de 1.257 ha (tabla 6).



    Por el contrario, hasta el año 1968 la superficie pública forestal aumenta en 45.208 ha, lo que confirma la tendencia desamortizadora del Estado.

    Una vez trasferidas las competencias a la Comunidad Autónoma, se efectúan los trabajos de revisión y actualización de los Catálogos de las cinco provincias, resultando un incremento de la superficie forestal catalogada de utilidad pública de 168.927 ha.

    A lo largo de los 150 años transcurridos desde que se elaboró el primer inventario de montes excluidos de la desamortización hasta la última actualización, la superficie forestal pública ha gozado de un considerable grado de protección, por lo que en sentido amplio se pueda considerar al Catálogo como la primera figura de conservación de la administración pública española, aspecto éste que se ve confirmado a partir de la definición en 1901 de la figura del “Monte de Utilidad Pública”, cuya evolución merece ser reseñada en la tabla 9.




    >>Aquí el artículo completo

    16 diciembre 2012

    La importancia de los bosques en el equilibrio hidrológico

    La cubierta vegetal, sobre todo el bosque de montaña, representa un elemento estabilizador de la cuenca ante los mecanismos torrenciales; pues contribuye tanto a incrementar la infiltración, como a disminuir la velocidad de la lámina de escurrido superficial y, además, favorece el flujo sub-superficial del agua en los períodos de precipitaciones abundantes. En síntesis, es el regulador natural por excelencia de los recursos hídricos. A estos aspectos hay que añadir su gran capacidad para defender al suelo contra los fenómenos erosivos; tanto del impacto de las gotas de lluvia sobre el terreno, como de los derivados del arrastre de las partículas de suelo disgregadas por los flujos de escorrentía. En este documental se aborda la singularidad de las restauraciones hidrológicas de montaña, prestando atención al macizo pirenaico por las dificultades que entraña su restauración, y por la dinámica que presentan algunos de sus torrentes que desgraciadamente en ocasiones han llenado de luto decenas de hogares.



    Fuente: Universidad Politécnica de Madrid
    Canal Youtube

    15 diciembre 2012

    Apoyos de CONAFOR en Zacatecas sobre 5649,37 hectáreas #México


    Nuevo proyecto de Servicios Ambientales en Zacatecas, entre los cinco más grandes del país en la historia del programa

    • Se cubrirá una superficie de 5 mil 649.37 hectáreas en la Sierra Fría, en la parte de Genaro Codina

    Como resultado de la tercera asignación de recursos del programa de Pago por Servicios Ambientales, la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) otorgó apoyo a 26 nuevos proyectos en el estado de Zacatecas. Entre ellos destaca el de la comunidad de San José de la Isla, en el municipio de Genaro Codina, cuya superficie de 5 mil 649.37 hectáreas lo convierte en el quinto lugar a nivel nacional desde que inició el programa en 2003.

    Lo superan únicamente cuatro proyectos en cuatro diferentes estados: en Chihuahua (5 mil 917 hectáreas), San Luis Potosí (5 mil 880.04), Durango (5 mil 879.19) y Jalisco (5 mil 713.05).

    La propuesta de San José de la Isla surgió con la introducción del programa de silvicultura comunitaria en la entidad, que incluyó una Evaluación Rural Participativa en 2011 (la primera realizada en el estado de Zacatecas), un Ordenamiento Territorial Comunitario en 2012, además de pláticas, reuniones en campo y sesiones de taller en las que los mismos comuneros analizaron sus problemas y plantearon soluciones.

    San José de la Isla es una comunidad agraria con bosques de encino y pastizales naturales con una cadena montañosa agreste y aislada de gran importancia ecológica, por los servicios ambientales que ofrece. La zona mantiene condiciones especiales para la captación del agua y requiere de una cubierta vegetal adecuada para evitar la pérdida del suelo por la erosión eólica y, principalmente, hídrica.

    Además, San José de la Isla resulta muy importante para la biodiversidad, porque se trata de un terreno aislado entre las áreas urbanas de Aguascalientes y Zacatecas, lo que lo convierte en hábitat de por lo menos 671 especies, de las cuales 25 están en peligro de extinción o requieren protección especial, incluyendo algunas endémicas, como ranas (Lithobates berlandieri y Lithobates chiricahuensis), el lagarto cornudo de montaña (Phrynosoma orbiculare), la culebra lineada de bosque (Thamnophis cyrtopsis), varias especies de víbora de cascabel (Crotalus molossus, Crotalus atrox y Crotalus lepidus klauberi), el gavilán pajarero (Accipiter striatus), el gavilán palomero (Accipiter cooperii), el
    aguililla aura (Buteo albonotatus), el águila real (Aquila chrysaetos), el cacomixtle norteño (Bassariscus astutus), el murciélago trompudo mexicano (Choeronycteris mexicana) y el murciélago hocicudo mayor (Leptonycteris nivalis).

    Además, hay venado cola blanca (Odocoileus virginianus couesi), coyote (Canis latrans), zorra gris (Urocyon cinereoargenteus), puma (Puma concolor), gato montés (Lynx rufus) y muchas otras especies que es importante conservar y proteger.

    El proyecto beneficiará a localidades con un grado alto y muy alto de marginación al ofrecerse, por primera vez a nivel institucional, alternativas de conservación y aprovechamiento sustentable de sus recursos naturales. Anteriormente, se había intentado la conservación pero faltaban fuentes alternativas de ingresos, ya que la gente se dedica a la ganadería en pequeña escala y a la elaboración artesanal de carbón (no siempre con permiso de aprovechamiento, hasta tiempos recientes).

    En total, para el estado de Zacatecas se aprobaron 26 nuevos proyectos, con un monto de 20 millones 427 mil 192.72 pesos y una superficie de 9 mil 572.73 hectáreas.





    Fuente: CONAFOR Zacatecas www.conafor.gob.mx

    26 agosto 2012

    Y después de los incendios forestales ¿qué?



    visto en elpais.es

    El fuego es parte de la naturaleza. Uno de los elementos modeladores del paisaje. Sin embargo, el incremento y la sucesión de incendios considerados no naturales —aquellos provocados por la mano del hombre o ayudados por la mala gestión del territorio— está teniendo un efecto violento en los ecosistemas. Arden los bosques y las llamas se llevan por delante no solo la flora y la fauna. También pueden causar daños irreparables en el suelo donde después tendría que crecer de nuevo el verde. Lo que el fuego devora en dos días puede tardar más de 100 años en recuperarse. Es el tiempo para volver a tener un bosque frondoso y adulto.

    Los incendios forestales han quemado en lo que va de año más casi 150.000 hectáreas, según los últimos datos del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente. Es casi el doble que la media de superficie afectada en el mismo periodo en los últimos 10 años. La de 2012 está siendo una campaña especialmente “virulenta”, según el subsecretario del Ministerio del Interior, Luis Aguilera Ruiz.

    A las altas temperaturas y las escasas lluvias en muchas de las zonas afectadas, se une el tijeretazo que las autoridades han aplicado a los programas de prevención y equipos de extinción —Parques Nacionales, por ejemplo, redujo en junio un 20% la partida de presupuesto destinada a ello—. Factores que no han hecho sino contribuir a avivar las llamas de estos incendios, muchos de ellos, además, provocados.

    Valencia, Tenerife, Alt Empordá, La Gomera, León... miles de héctáreas afectadas, una importante cantidad de ellas de alto valor ecológico que arrojan un triste paisaje. Y ante la impotencia de no haber podido sofocar a tiempo el incendio surgen las dudas sobre cómo ayudar al terreno a recuperarse. Y si la naturaleza necesita, verdaderamente, de la mano del hombre para ello.

    Pero el fuego, con todo su dramatismo, no es un punto final. Después de las llamas, los expertos hablan de silencio, de desolación. Pero, si se mira con cuidado, desde ese momento el ecosistema ya está reaccionando. “Visité la zona de Cortes de Pallás y Dos Aguas [Valencia] de finales de junio a los 15 días, y ya había insectos, aves, zorros y brotes”, dice Juli Pausas, del Centro de Investigación sobre Desertificación (Cide) del CSIC en Valencia.

    Pero que la vida regrese —o se manifieste, si se asume que gran parte no se había ido— no es un fenómeno garantizado. Después del fuego, los seres humanos se enfrentan a la idea de pérdida, de catástrofe. Surgen las ganas de hacer algo enseguida. De recuperar el verde que ahora es negro. De sustituir lo quemado por nuevos árboles. Pero eso, la reforestación artificial en grandes cantidades, no es, según los expertos, una receta mágica y generalizada para todas las zonas. “Cada caso es un mundo. Hay que esperar, estudiar los daños en la zona y analizar cómo se va a comportar la naturaleza por si sola. Y después de eso determinar si necesita ayuda”, expone Inés González Doncel, ingeniera de montes y profesora de la Politécnica de Madrid.

    Después de miles de años quemando bosques, los seres humanos empiezan a saber qué hay que hacer —o qué no— para recuperarlos. Aunque no sea una ciencia exacta. Y lo primero, antes que preocuparse por el verde, es velar por el suelo donde luego debería volver a crecer. “La desaparición de la vegetación que hace de cubierta protectora puede fomentar la erosión del suelo. Y ese es el principal problema para la recuperación del terreno tras el incendio, lo que hay que evitar por todos los medios”, apunta Carlos del Álamo, decano del Colegio de Ingenieros de Montes.

    Para ello hay que prevenir que las lluvias o la propia vegetación arrastren y erosionen ese suelo, que está mucho más sensible por el incendio. “Con el arrastre pierde la capa fértil y se corre el riesgo de que los sedimentos se acumulen en los embalses, y que el barro y el fango invadan cultivos y pueblos. Y eso no solo es suelo fértil que se pierde, también supone un riesgo para las infraestructuras”, explica Del Álamo. Antonio Jordán, profesor de Ciencias del Suelo de la Universidad de Sevilla, añade otro efecto de las llamas: que se genere una capa superficial hidrofóbica en el suelo donde el agua no se infiltra, lo que fomenta el riesgo de erosión.

    Por eso, la primera maniobra tras el incendio es impedir ese arrastre en las zonas de riesgo. Sobre todo en las pendientes. Y hacerlo, como explica Pausas, antes de que lleguen las lluvias.

    Eso se puede lograr construyendo barreras transversales, utilizando madera de la propia vegetación quemada o clavando troncos en el terreno. “El suelo que se pierde es dificilísimo de recuperar. Tarda cientos de años en formarse”, informa Jordán.

    150.000 hectáreas este año

    Diana Colomina, coordinadora de Restauraciones Forestales de WWF, urge a tomar este tipo de iniciativas de manera casi inmediata.

    “Hay que actuar”, opina. Proteger la tierra, construir fajinas (paredes de contención), controlar las plagas, que suelen cebarse en los árboles medio quemados, vivos aún pero debilitados, expone la ecologista. Todo, eso sí, con mucho cuidado. “No se puede meter maquinaria pesada; si se cortan árboles o se saca madera quemada, hay que vigilar su arrastre, para que no se lleve por delante el suelo con su banco de semillas o las raíces que han quedado y que pueden servir para regenerar la flora”, explica. “A veces basta con aprovechar las ramas quemadas y ponerlas sobre el suelo para que amortigüen el impacto de las gotas de la lluvia”, añade Pausas.

    Pero volviendo a lo práctico y solucionado lo más urgente —el suelo—, los expertos apuntan que lo necesario es tiempo. El bosque ya no es el mismo, pero no hay que forzar su repoblación. “No se aconseja la restauración inmediata, es mejor ver cómo va poco a poco, observar cómo reacciona el suelo y si surge vegetación de manera espontánea en el terreno. Y no siempre es necesario intervenir porque hay especies que, como los pinos, que usan el fuego para rebrotar”, dice Del Álamo. Además, hay que tener en cuenta que entrar en la zona, que está mucho más débil, con máquinas para el plantado puede agravar el estado del suelo.

    A pesar de estas conclusiones, no siempre se sigue la receta correcta. “Cuando se quema una zona desaparece la vegetación y se crean cambios en el suelo. Vemos paisaje destruido, que en principio parece que va a ser irrecuperable, por lo que muchas veces y de manera incorrecta se repuebla inmediatamente”, dice el profesor Jordán, miembro del grupo de investigación FuegoRed. Como ocurrió en los años setenta y ochenta en el Parque Natural de los Alcornocales (Cádiz), repoblado con pinos en varias ocasiones, después de incendios. “Es el parque de alcornoques más grande del mundo y se ven rodales de pinos, una especie que no crecía allí. Llama mucho la atención”, dice el investigador.

    Porque, según los expertos, si finalmente se decide reforestar —porque no ha cuajado el crecimiento de manera natural, porque se han producido incendios sucesivos en una misma zona o porque la regeneración sea tan lenta que pueda perjudicar al ecosistema— hay que hacerlo con especies autóctonas.

    De hecho, muchas de ellas, como los alcornoques, están muy adaptadas al fuego. Este fenómeno, que se conoce como pirofitismo es diverso. En unos casos, es pasivo: cortezas como la de los alcornoques, que protegen el interior del árbol, donde están los vasos que llevan la savia. En otras, hay una respuesta activa. Como en las piñas, que se abren con el calor, y dispersan las semillas. Otros árboles —encinas, robles— vuelven a brotar desde los tocones que quedan tras cortar la parte quemada. “También las plantas arbustivas, que son clave para sujetar el suelo, tienen estos procesos. Y están las semillas que han quedado”, dice la ecologista Colominas.

    El proceso de análisis es largo, pero se trata de ver si el bosque es capaz de regenerarse solo. Una realidad que a veces es imposible. “En el incendio del Barranco del Hocino de Guadalajara, en 2005, se quemó una tejeda. Estos árboles, además centenarios, estaban en la peor parte del fuego, y no tienen esa capacidad para rebrotar. Si queremos que vuelvan, hay que plantarlos”, admite Colomina. “A veces conviene echar alguna semilla de herbácea para que ayude a fijar el suelo”, apunta el investigador del CSIC Pausas.

    Para actuar como se hizo en Guadalajara, los expertos recomiendan esperar un año y medio, o dos, para ver si la biodiversidad se mantiene. En esa zona se empezaron a plantar los nuevos árboles en 2008. Tres años después del desolador incendio. Un tiempo que permitió identificar las necesidades y establecer un plan.

    “No hay casos en que una especie vegetal haya desaparecido por un fuego. Otra cosa es que queramos tener un bosque como el anterior en su estructura, y eso es imposible. Si el que se quemó tenía árboles de 100 años, habrá que esperar 100 años para que sea igual”, afirma Pausas.

    Tras el suelo y la vegetación, queda la fauna. En los últimos incendios de Tenerife, se han quemado más de 2.000 hectáreas forestales. El fuego no llegó por completo al Parque Nacional del Teide, lo que podría haber sido una catástrofe —ahora se analiza el alcance del incendio del Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera—, pero afectó a 1.000 de sus hectáreas. Algunas de ellas, de enorme valor ecológico. Cristina González, delegada de Seo Birdlife en Canarias, explica además que dos de los tres pinares más importantes de la isla, el de Vilaflor y el de Guía de Isora —ambos calificados de Espacio Natural Protegido y Zonas de Especial Protección para las Aves— se vieron afectados por las llamas. Pinares antiguos, maduros y bien conservados que son prioritarios para la fauna y en los que se localizan más de una treintena de especies nidificantes, como el pinzón azul de Tenerife, el pico picapinos, el herrerillo canario o el halcón tagarote.

    La mayoría de los animales que viven en zonas quemadas escapan de las llamas, pero su hábitat queda destruido o modificado. Algo que afecta particularmente a las aves. González explica que este año, debido a que el invierno y la primavera han sido muy secos, el éxito reproductor de estas está siendo muy bajo en Canarias. “El incendio se ha producido en época de cría cuando había muchos pollos volanderos, con lo que la mayoría no habrá podido salir”, dice.

    Pausas es moderadamente optimista. “En un porcentaje muy alto, los animales se esconden”, afirma. Y vuelven. Por ejemplo, si se dejan árboles quemados pero en pie para que nidifiquen. Claro que no se trata solo de dejar que se recupere solo. “Hay que tomar medidas, acotar las zonas, limitar el pastoreo”, afirma Colomina. “Hay que vigilar que el nuevo bosque tiene buena calidad ecológica, que no tiene una densidad excesiva o que no necesita una poda”, añade.

    Los ritmos del hombre y los de la naturaleza no coinciden. Y sus necesidades, tampoco. “La vida sigue”, zanja Pausas. Pero con el cuidado del hombre —o por lo menos con una interferencia limitada— le irá mejor.

    10 julio 2012

    El riesgo principal tras un #incendioforestal es la erosión

    visto en elpais.com


    Pilar Almenar Vara - Valencia 7 JUL 2012
    Los incendios que han afectado al interior de la provincia de Valencia durante 10 días han reducido a cenizas más de 50.000 hectáreas. Pero una vez hecho el daño, ¿qué se puede hacer ahora? “Repoblar justo después de un incendio es una aberración técnica”, afirma Fernando Pradells, decano del Colegio de Ingenieros de Montes en Valencia. Científicos y ecologistas piden una evaluación detallada de los impactos antes de tomar medidas y reclaman que se actúe solo después de detectar los problemas concretos de cada zona y no de manera indiscriminada.

    “La estructura del suelo queda muy debilitada tras el paso del fuego. Eso hace que no sea recomendable la intervención en zonas acabadas de quemar”, explica Ferran Gandia, miembro de la comisión forestal de Acció Ecologista Agró. “Los ecosistemas mediterráneos están profundamente adaptados al fuego y tienen capacidad de autoregenerarse. Nosotros no podemos sustituir ni mejorar este proceso. Conviene, antes de realizar cualquier intervención, dejar evolucionar el sistema de forma espontánea durante un tiempo considerable para, años después, intervenir donde la regeneración no sea satisfactoria”, añade.

    El monte mediterráneo es muy resistente al fuego, pero la precipitación política a la hora de poner remedio a los daños y las presiones sociales de los ciudadanos, sensibilizados con el daño medioambiental tras el incendio, pueden poner aun más en riesgo la capacidad de recuperación de los bosques. Los científicos aseguran que lo que resulta urgente ahora es controlar la pérdida de suelo porque la combinación de incendios en verano y lluvias torrenciales en otoño hacen que el peligro más importante ahora sea la erosión.

    Aunque la vegetación amortigua la pérdida de suelo, los expertos recomiendan que las repoblaciones se hagan al menos dos años después del incendio y siempre tras una evaluación exhaustiva de dónde el suelo está preparado para soportarla.

    “Enseguida surgen grupos de gente, voluntarios, que con toda su buena voluntad por intentar regenerar, lo único que hacen es perder el tiempo”, dice Fernando Pradells. La repoblación no es un proceso fácil. Requiere plantones de al menos uno o dos años de crecimiento y riegos, o lluvias, durante los primeros meses tras su plantación. Además, los recursos de los viveros son limitados. “Dudo que haya plantones suficientes y con las suficientes garantías como para repoblar toda la superficie quemada”, cuenta Patricio García Fayos, director del Centro de Investigación sobre Desertificación (CIDE), dependiente del CSIC.

    Los especialistas del CIDE explican que la viabilidad de los plantones trasplantados sería muy baja en las condiciones que se dan tras estos últimos incendios porque necesitarían lluvias que ahora no van a producirse.

    Los ingenieros añaden un nuevo punto al análisis y aluden al coste económico de la repoblación, que consideran evitable, dado que la regeneración natural tiene coste cero y es mucho más conveniente para la diversidad genética del bosque.

    “El tiempo apremia porque estamos en verano y la amenaza la tenemos en otoño. Sobre todo en las zonas más susceptibles; y por tanto, sin pausa se debería hacer la evaluación del territorio para intentar tomar las medidas que en el tiempo que tengamos disponible podamos ejecutar”, advierte Luis Recatalá, investigador del CIDE y especialista en evaluación de impacto ambiental.

    La erosión hídrica es un riesgo constante en el Mediterráneo. Las características del clima, con lluvias torrenciales, y de los suelos, en general poco consistentes, se unen a las pendientes fuertes en la zona quemada y a la ausencia de vegetación creando un escenario perfecto para la erosión.

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    15 junio 2012

    Doce millones de hectáreas se pierden cada año a causa de la desertificación

    visto en europapress.es


    MADRID, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -

    Un total de 12 millones de hectáreas se pierden cada año a causa de la desertificación, según datos recogidos por la ONG World Vision con motivo de la celebración del Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía, que tiene lugar este domingo, con el objetivo de "sensibilizar a la población de las terribles consecuencias de esta amenaza".

    La ONG ha advertido de que se trata de un mal que afecta a más de 110 países en el mundo y que "afecta significativamente a los países más desfavorecidos de África, donde dos tercios del continente es desierto o zona árida, y en zonas de América Latina especialmente áridas como el Chaco Boliviano".

    "Mientras la desertificación cuesta a la economía mundial unos 42 billones de dólares cada año, el coste humano es incalculable", ha apostillado. Así, unos 135 millones de personas --el equivalente a la población total de Francia y Alemania-- se encuentran en peligro de ser desplazadas.

    Organizaciones de desarrollo como World Vision estiman que por cada dólar invertido en la lucha contra la degradación de la tierra y desertificación se podrían generar unos tres dólares de beneficios económicos, lo que "ayudaría a luchar contra la pobreza entre los millones de personas que viven en éstas frágiles tierras", ha añadido.

    Asimismo, World Vision recuerda que "esta amenaza afecta a países desarrollados, como es el caso de España --el más afectado de Europa--. Por ello, apuesta por la sensibilización de la población, desde niños, con "proyectos para informar y concienciar sobre las consecuencias de la desertificación y plantear soluciones a los efectos de la sequía". Además de esta labor formativa y de sensibilización, World Vision tiene en marcha varios proyectos de desarrollo en las zonas más afectadas de África y América Latina que se concretan en la reforestación de bosques; el fomento de cultivos con riego más eficiente, como sistemas de micro riego; el uso de insecticidas y abonos orgánicos; el fomento de cultivos menos intensivos en agua; depósitos de agua comunitarios; sistemas familiares de recogida de agua de lluvia; canalizaciones de agua; y el uso de estufas solares.

    22 mayo 2012

    Las propiedades del suelo son un factor clave para prevenir inundaciones

    Soil properties are key factor in flood prevention

    Soil conditions play a crucial role in determining water runoff and retention in forested sites, according to new research. Soil characteristics, such as compaction, play a greater role than forest type in determining water dynamics.

    Forests help retain water and mitigate flooding by slowing peak water flows during storm events. However, forest management practices, such as clear cutting and heavy equipment use, can reduce their effectiveness. Climate change is predicted to increase the number and severity of extreme weather events, raising the question of how to prevent future flooding at the catchment level.

    Research funded through the EU WaReLa(1) and ForeStClim(2) projects, investigated the influence of soil conditions on rainwater runoff. The study, carried out in the low mountain ranges of southwest Germany, conducted sprinkling experiments on 11 test sites within two forested catchments to simulate rainfall. Sprinkling occurred on three consecutive days and simulated 10mm of rainfall over a 50m2 area, reflecting natural levels that cause flooding in this area. The scientists measured the bulk density and water content of soil samples together with hydraulic conductivity (a measure of how water moves through the soil) and infiltration capacity.

    The sites covered a range of different conditions, including established forest stands with deciduous and coniferous species, arable land and afforestation sites following agricultural land-use. Soil types also varied, but in all cases subsoil layers were compacted due to Ice Age periglacial dynamics, limiting deep percolation of water into the sites.

    In the first catchment, runoff was highest in a relatively young (one year old) afforestation site (20% of total simulated rainfall). Runoff was generally less in forested areas but higher run off in deciduous than coniferous forests (17% compared to 5%) was attributed to differences in the depth of the compacted soil layer, rather than tree type. Runoff was considerably lower in the second catchment (less than 4%) due to water being able to flow vertically through the compacted soil layer.

    The compacted layer of soil was found near the surface within an afforestation site created 30 years ago, leading to similarly high runoff levels to an arable plot. This shows that the effects of cultivation are long lasting and that forest managers could use machinery to break up the compacted soil layer before afforestation to improve root penetration and water infiltration.

    Approaches to flood protection should reflect the fact that runoff characteristics are site-specific and involve a range of stakeholders, including forestry, agriculture, water management and spatial planning representatives. An ecohydrological approach could be adopted to reverse ecosystem degradation while enhancing forests' ability to accommodate human impacts.

    The researchers recommend a number of forest management practices, including sustainable soil management, using low-impact harvesting methods and avoiding clear cuts, drainage systems and extensions to forest roads. Further insight into the influence of soil properties on water retention is important for forest planning and large scale flood prevention.
    1. WaReLa, Water Retention by Land Use, was funded by the European Commission through the INTERREG IIIB NWE programme. See: http://3b.nweurope.eu/page/projet.php?p=31&id=524 
    2. ForeStClim was funded by the European Commission through the INTERREG IVB NWE programme. See: http://forestclim.eu/
    Source: Hümann, M., Schüler, G., Müller, C. et al. (2011). Identification of runoff processes – the impact of different forest types and soil properties on runoff formation and floods, Journal of Hydrology. 409:637-649.



    fuente: Science for Environment Policy

    26 abril 2012

    Cambiar las prácticas agrícolas para conservar suelo y reducir contaminación



    Farmers evaluate measures to reduce soil erosion and water pollution

    Farmers have collaborated with scientists in France to evaluate agri-environmental measures that reduce soil erosion and surface water pollution at a catchment level. The exercise helped the farmers understand the benefits of the measures and provides an example of how policymakers could engage with stakeholders under the Water Framework Directive (WFD).

    The EU’s Common Agricultural Policy (CAP)1 has introduced instruments to improve water management on farms, such as set-aside land. Such measures can significantly reduce contaminated soil and water running off fields into streams and rivers, but farmers may not feel ready to implement some of these for fear of reducing yield and income.

    In the spirit of the WFD2, which encourages Member States to discuss management plans with stakeholders, the researchers of this study spoke at length with five farmers from the Lomagne region in south-western France. The farmers were asked for their thoughts on the findings of a hydrology and erosion model, STREAM3, which simulates the effects of different measures on runoff and sediment yield. The model was applied to two different areas of cropland in the region where most soils are ‘silty loam’, which is easily sealed, that is, its surface is easily compacted by rain and becomes impenetrable by water. The simulation of runoff and soil erosion was created as if a 2-hour rainy storm in spring had just occurred, producing 25mm of rain.

    First, the farmers helped develop realistic scenarios of runoff for the model by drawing on their own experiences and observations in their fields. They then evaluated different measures to reduce runoff. For the first site considered, which had steep hillsides, the model suggested that applying 5-metre-wide grass strips alongside ditches and roads could reduce water runoff by about 46% and soil sediment loss by 26%. French regulations encourage farmers to establish at least 3% permanent plant cover on their cropland, such as grass strips. The farmers were thus already accustomed to these strips, and understood the benefits. They were less familiar with the benefits of 10-metre-wide strips placed at the steepest point or at mid-slope in the fields. The model suggested these could reduce water runoff by about 43% and soil sediment loss by 39%, by slowing down runoff before it becomes erosive. Although more efficient than the narrower ditch/roadside strips, most of the farmers did not support this measure. They felt that the loss of cropland was too great, and the inability to drive tractors over the strips, to prevent compaction, was problematic.

    For the second site considered, which had gently sloping hillsides, the model suggested that planting grass strips alongside rivers, in accordance with French regulations, would result in 50% reduction in runoff and sediment loss. This confirmed to the farmers that these strips are useful. The model also indicated that redistributing winter and spring crops so that winter crops are preferentially grown down-slope, next to rivers, could reduce runoff by 22% and soil sediment loss by 46%. This would be as least as efficient as planting grass strips. It is well established that springtime crops, such as maize and sunflowers, lead to more runoff in spring because they cover less than 20% of the soil surface. In contrast, dense winter crops, such as wheat and rape, slow runoff. The farmers were aware that down-slope sites are more fertile, and these are therefore preferred for spring crops which bring more income. They felt that switching sites for winter and spring crops would be difficult as they may need to exchange fields with neighbouring farmers. Exclusively growing winter crops on all land almost completely stopped runoff and erosion, according to the model. It could also significantly reduce income, but the farmers were willing to consider this extreme solution for land where erosion is particularly severe.

    The researchers conclude that the STREAM model is a useful tool for discussing different agri-environmental measures with farmers. Although it is time-consuming, findings from selected case studies like this could be scaled up to develop regional management plans for controlling erosive run-off, which would improve soil as well as water quality.
    1. http://ec.europa.eu/agriculture/capexplained/index_en.htm
    2. http://ec.europa.eu/environment/water/water-framework/index_en.html
    3. For further information on STREAM, see:
      www.prodinra.inra.fr/prodinra/pinra/data/2007/09/PROD2007b5b66bf1_20070907112152331.pdf
    Source: Furlan, A., Poussin, J-C., Mailhol, J-C., Le Bissonnais, Y., Gumiere, S.J. (2012) Designing management options to reduce surface runoff and sediment yield with farmers: An experiment in south-western France, Journal of Environmental Management. 96(1):74-85.
    Contact: poussin @ ird.fr
    Theme(s): Agriculture, Environmental information services, Soil, Water

    22 marzo 2012

    Los montes canarios proporcionan servicios por valor de casi el 2% del PIB regional

    Mapa Forestal de España
    Mapa Forestal de España


    visto en profor.org


    Los montes canarios proporcionan servicios por valor de casi el 2 por ciento del PIB de la Comunidad Autónoma de Canarias, según afirmó el presidente de PROFOR Canarias, Yeray Martínez, durante la conferencia que pronunció hoy (21/03/2012) en Arucas con motivo del Día Forestal Mundial.

    La conferencia Bosques y Sociedad: madera, carbono, ¿o mucho más? tuvo lugar en el marco del II Ciclo de Actividades “Aprendiendo sobre el Medio Ambiente”, que el Ayuntamiento de Arucas y la Asociación “La Vinca – Ecologistas en acción” ha organizado con motivo del Día Forestal Mundial, que se celebra hoy. Con esta actividad, Arucas y La Vinca mantienen su compromiso con el mundo forestal, apoyando desde hace más de 15 años las Jornadas Forestales de Gran Canaria.

    Yeray Martínez citó como fuente de su afirmación la Valoración de los Activos Naturales de España (Proyecto VANE) realizada por el Ministerio de Medio Ambiente en 2010. En este estudio se han valorado los servicios ambientales que generan las zonas forestales y agrícolas, que, si bien muchas veces no poseen valor de mercado, sí constituyen un verdadera riqueza económica.

    Yeray Martínez explicó que precisamente por ese motivo en los últimos años se ha desarrollado la rama de la economía que pretende hacer visible estos servicios que escapan a las estadísticas, impidiendo aprovechar su potencial. Hay otras Comunidades Autónomas con mucha biodiversidad, como es el caso de Andalucía, que también están realizado fuertes inversiones para calcular el valor de su biodiversidad, señaló el presidente de PROFOR Canarias.

    610 millones anuales, riqueza forestal

    El Proyecto VANE ha estimado en 16.000 millones de euros la renta anual de los suelos forestales de España que, en el caso de Canarias, contribuyen con más de 610 millones de euros año a año. Esto equivale al 1,7% del PIB regional, dijo Yeray Martínez.

    Entre los servicios prestados por las zonas forestales de España, el que mayor valor presenta, según este estudio, es el agua, con un 72%, seguido de los servicios recreativos (21%), la fijación de CO2 (5%) y la Biodiversidad (2%). Estos valores contrastan con la aportación de los productos primarios que se obtienen de los montes como madera, pasto o caza, que apenas suman el 1% de esta renta.

    Además, según establece el propio estudio del Ministerio, la metodología empleada, dadas las limitaciones y dificultad que entrañan este tipo de trabajos, ha seguido un criterio de mínimos, por lo que “es de esperar que este valor sea mayor” explicó Yeray Martínez.

    De hecho, añadió el presidente de PROFOR Canarias, para las islas no han sido valorados servicios como la protección del suelo frente a la erosión y las riadas, el uso turístico por los 10 millones de visitantes a las islas o el de la salud, identificado más recientemente: se ha demostrado que el contacto con los bosques tiene grandes beneficios para la salud, como incrementar la serotonina, el sistema inmunológico o evitar la depresión.

    Es posible recuperar 90.000 hectáreas de bosques

    Yeray Martínez también explicó que esta renta podría aumentarse significativamente, ya que tras la intensa deforestación que sufrieron las islas, aún podrían recuperarse 90.000 hectáreas más de bosque en el archipiélago lo que, por ejemplo, podría duplicar la fijación de CO2.

    Asimismo, añadió Yeray Martínez, se podría mejorar la calidad de Canarias como destino turístico a través del incremento del capital natural: “hay estudios que demuestran cómo Canarias podría mejorar su posición como destino turístico impulsando la restauración de sus espacios naturales y fortaleciendo su imagen de sostenibilidad. Además, ello contribuiría a generar economía local, empleo cualificado y en definitiva mitigar los efectos de la crisis. Siempre y cuando el impacto positivo sobre los ecosistemas sea real”, afirmó Yeray Martínez..

    Entre los principales retos para nuestros bosques se encuentra la necesidad de buscar nuevas fórmulas que permitan realizar las inversiones necesarias. Para ello es preciso mejorar la coordinación entre las instituciones y la sociedad. “Necesitamos un Plan Forestal para Canarias que nos marque el camino a seguir”, señaló el presidente de PROFOR Canarias.


    El cambio climático impactará los ecosistemas canarios

    Por último añadió que el principal riesgo para nuestros bosques está relacionado con los escenarios de cambio climático previstos para los próximos años. Si estos escenarios se confirman, podrían suponer la drástica transformación de un tercio de estos ecosistemas y la desaparición en muchos sitios de la laurisilva, como sería el caso del Parque Nacional de Garajonay o del Parque Rural de Anaga en Tenerife, unido a un incremento notable del riesgo de incendios.

    Profor Canarias es la Asociación de Profesionales Forestales de España en Canarias y entre sus objetivos se encuentran despertar el interés de la sociedad por la importancia de los bosques en nuestro día a día.